Me río de esos poetas que tras haber escrito sus versos ponen el símbolo de copyright al final de estos. Como si hubieran inventado la Coca-Cola, o su palabra sea una propiedad privada, son ridículos. Creen que les van a arrebatar otros poetas sus verbos unidos a adjetivos como si estos tuviesen la solución a todos los problemas de la humanidad. Tienen demasiado desarrollado el sentimiento de legitimidad en pro de la propiedad exclusiva. Lo que ignoran es que hay tantos poetas o más que poemas en el mundo, y algunos de estos, no digo yo, no ponen copyright a sus palabras, las obsequian al mundo, o a las exponen para la gente, como si difundir sus poemas fuera algo así como regalar abrazos, o sonrisas, o besos al menos pintado. Estos no, estos son aún más generosos, regalan diminutas galaxias de palabras para que el mundo las reconozca cuando la verdad deje de ser verdad, para cuando el mundo deje de ser mundo, y no cobran nada por esto, lo hacen por que ser generoso es la única manera de que no te tomen por mezquino en este mundo mezquino, las entregan así para que las usen como quieran usarlas, de la manera que quieran o puedan, y así no terminarán en manos del vil capital, por que aquello que más se aprecia y después se regala es lo único por lo que vale la pena seguir luchando.
El jueves día 31 de enero de 2013 llegué a mi barrio (Torre-Romeu) de Sabadell, en el extrarradio de la ciudad, y cuando me disponía a aparcar el coche empecé a ver coches (primero dos y después más) de Mossos d'Esquadra haciendo de vigías y de protectores de una banca (en este caso la Caixa de Sabadell -Unnim-) la cual quiere desahuciar a un vecino de esta localidad. Es admirable la hermandad y la camaradería de este barrio que se ha hecho piña contra la usura del gran capital y la prepotencia de las fuerzas de la comunidad autonómica catalana. Según fuentes ya han logrado detener dos intentos de desahucio contra este vecino que debe una cantidad irrisoria frente a las cantidades y a los sobresueldos que han manejado los señores del PP, eso sin contar otras prebendas que están percibiendo otras fuerzas políticas con el beneplácito o la excusa de la democracia, democracia que pagamos la clase obrera, y en este sentido la más vulnerable a todo. Esta gente del barrio de Torre-Romeu llevan haciendo relevos desde el jueves por la tarde, repito, todos una piña, repito, ya han logrado parar dos intentonas de desahucio. En los intentos de desahucio vinieron unos 50 antidisturbios de los Mossos d'Esquadra sin éxito alguno. Huelga decir que en este barrio de Torre-Romeu es un barrio de clase obrera, donde muy sabiamente y en armonía conviven diferentes culturas y etnias distintas en paz y en total hermandad. Esta crónica se puede llevar también al terreno de alegato y prueba evidente de que sí se puede, de que si la clase obrera o trabajadora lo quiere se puede, esta gente de Torre-Romeu turnándose día y noche, bajo la vigilancia atenta de los Mossos d'Esquadra, llevan luchando desde el jueves y son la prueba palpable de que sí se puede. Se puede parar esta injusticia de que la clase trabajadora tenga que pagar los platos rotos de una plutocracia que no ha dejado de inyectar ayudas a la banca desde Europa mientras sus ciudadanos trabajadores ellos, y gente atada a los intereses de la banca y su especulación arrogante, están sufriendo todos los esfuerzos exigidos por la crisis, ya que sus políticos son unos ineptos y obran en beneficio y los intereses del gran capital.
Esta es la vida, hermano, un artificio, un juego de malabarista improbable, todo es un espectáculo a velocidad lenta, trileros, vedettes, prestidigitadores, talento en pura regla, todos dispuestos como en una puesta en escena, payasos, equilibristas, actores y poetas, es la hora del espectáculo, la apuesta de Fellini es el compromiso eterno con el arte, pintores, copian la naturaleza ebria en un acto de legitimidad perfecta, por que legitimo es crear desde donde otros han creado, magia, milagro, fracaso, éxito y humor negro, fantasia y evolución de la carcajada, fuente de todas las maravillas ofrecidas al hombre, ciego de Magnani, de Bertoluchi, de Sofia Loren, de Edith Piaf, ciego de Jean-Luc Godard, de le nouveau bac, Lautreamont, de magos hombres que escapan al tedio, disolutos poetas que hacen del poema la risa, la risa, el enorme sustrato donde el alma escupe fatalidades, espectáculo, espectáculo, espectáculo, Berlanga, Querejeta, Carlos Saura, Scorsese, brujos del divertimento y eminencias de lo nunca visto.
A estas alturas del baile diré, aunque no sea necesario decirlo, que sí, soy parte de ese 0,1% que en vigilia arde de viveza con la luz encendida de su casa mientras los demás, el resto de la gente común, duerme plácidamente. Soy parte del 0,1% y escribo para ese 0,1%, por eso no tengo aspiraciones de gran literato, ni de poeta, aunque sí las tengo en mis collages. Escribo para ese 0,1% por que soy parte de él, respiro y vivo como él, un 0,1% de esquizofrénicos que no asesinan a nadie, más bien se asesinan a sí mismos, es como aquello que decía Un gran filósofo alemán, no escribo su nombre para no parecer esnob y por que no sé escribirlo, él decía que en el mundo había dos clases de personas: los atormentados y los atormentadores, yo lo suscribo, pero mi minoría es aún más minoría. No soy ni un poeta ni un escritor de éxito por que es inaguantable para los demás hablar de lo que yo hablo. Se duermen como aburridos y no aguantan ni las diez primeras páginas, por que les duele, por que no son masocas. Para esos escritores que se adhieren o se amoldan a la ley de los más, para vender más, para llegar a poder ser recordados, para perdurar, para la excelsa gloria, yo les diría que se hagan una purga, les preguntaría si no están podridos por dentro, yo, al contrario, duermo como un tronco, por que para qué voy a intentar hablar de éste o el otro, para qué amoldarme a una corriente literaria si mis principios son otros. Este tipo de gente tiene unos principios, pero también tiene estos otros, esta frase la dijo el gran Groucho Marx en una de sus películas. Pues yo tengo estos principios que unidos estos a mi poesía son de acero inoxidable, no me importa lo que el vulgo piense o diga, lo que me importa bien me quiere, todo lo demás es fachada y ganas de aparentar. Ya a mi edad ya he visto demasiadas veces las marionetas y sé que el lobo siempre pierde, aunque en la vida real siempre gane. Por eso, yo y mi 0,1% de lectores somos felices curándonos solos las heridas, dicen que en un futuro esta cifra se incrementará, me parece genial, para qué ser hipócritas, más gente el club de los misántropos conllevará a que seamos una secta secreta como las logias masónicas, o una especie de templarios venidos a menos. Cuando empecé a escribir me imaginaba llegar a ser un Neruda, un Kafka, un Lorca, pero nada de eso es cierto. La verdad es que soy un poeta valiente, de aquellos que ya no quedan, muchos exigen el verso corto y conciso, a mí me gusta ser más barroco, por eso reparo tanto en el detalle, en la extensión, y casi siempre hablo de mí, cosa imperdonable para algunos poetas, que prefieren dejar estos a más de uno sin resuello. Si yo he hecho algún daño pido me disculpen, cuando he querido ejemplarizar, o poner una metáfora visual o sonora siempre he tratado de que nadie salga perjudicado, y si ha salido herido lo he sentido, por que ningún poema, ninguna tinta escrita vale el dolo de cualquier semejante, sea este de la condición que sea, muchos se aplican el cuento de mal de muchos consuelo de tontos, yo al ser un poeta outsider me considero parte de aquellos que profesan el mal de pocos consuelo de nadies, sí, consuelo de nadies, eso es mejor a llevarte a unos por delante mientras la mayoría goza y se regocija, eso está muy feo, pero hay que vender libros como churros, los escritores que de verdad son libre pensadores, tienen que tener además de soledad, cojones para soportarla. No pretendo ir de poeta maldito, esas fórmulas ya tienen el barniz viejo, yo prefiero denominarme como poeta del 0,1%, ahora que estamos en momentos donde suena más la cifra que la palabra, y el lamento más que la risa abierta.
A veces creemos por ciertas causas que llevamos solo nosotros el peso del mundo, nos creemos que somos los únicos en la tierra capaces de estar preparados para el sacrificio, pero no es cierto. La cantidad de sacrificios que respiran en los hospitales, en los prostíbulos, en las cárceles, en los cuarteles, y un largo y lamentable etcétera, el sacrificio es una prueba de humanidad que se demuestra ante la humanidad, los sacrificados tienen una mirada sin luz unos, otros tienen en la mirada alegría y muestran plenitud, esos, son los afortunados, los que se salvaron del incendio o del naufragio, los otros, son llagas vivientes de las que miedo da tomar cualquier dirección, muchos se quedan en el camino y los acuna la fiebre fría del no ser, por que se sabe otro. Soportar el peso del mundo puede ser también parte de la confusión que nos atormenta, nos creemos el ombligo del mundo, y eso puede ser peligroso. Pero a veces soportar el mundo es soportar algo más que a los que te rodean, es soportar el tiempo aletargado, el tedio pesado, y la soledad del cosmonauta.
Me da pena de ti y de mí, tú que cada mañana respiras de una ilusión nueva, de una nueva ilusión, se renueva tu esperanza sin rastros de hojarasca tras el suspiro del tiempo, me da pena de mi, por que guardo una pesada ancla en mi pensamiento libre dispuesto a saquearte, los dos amputados de pureza andamos subiendo los escalones del piso de arriba, buscando una respuesta al enigma de las constelaciones grabadas en nuestro sueño pesado, sueño que no quiere marcharse de nosotros, tú y yo somos las víctimas del desorden del poema, vemos un horizonte que se duerme en la costilla vieja de Caín, rastreamos nuestros nombres de liberados en la arena del asfalto colindante a los retornos, nos duelen a todos los pies de andar por las cloacas para que no adivinen que nuestras esperanzas aún no han terminado, han acabado desnudas en los bares apoyadas a una barra, y deseándose la victoria como hermanos que parten hacia una misma guerra, nos queda la fiesta de los contrastes, allí bailaremos el último tango y diremos adiós a donde el corazón nos lleve.