Posted on 6:06
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Una manada de outsiders recorren las calles, quieren disparar balas con los blisters de sus comprimidos, todos los días escalan el hielo, todos los días absorben miradas culpables, como vampiros que escapan de castillos imposibles, una manada de outsiders recorren las calles sedientos, no buscan culpa, tampoco absolución, saben que para ellos no existe un mañana, que la mañana y la noche son repetición, patean las calles como manada disuelta, ¿quién sabe si la cura de los normales es la necesaria? Pues ellos buscan cura como los demás, pues ellos también la buscan entre plagas de anti-escrupulosidad, recorren los bares para resolver magnicidios, recorren ciudades para reparar constelaciones, una barra de un bar es un templo de outsiders, una ciudad entera los resguarda en el quizás, se han comido las mantecas de lozanos hombres de bien, han escurrido baberos de los que ignoran paternidad, vacíos adentro y afuera, por eso son outsiders en su lado literal, mañana ya es tarde y hoy ya no digamos, una manada de outsiders recorren furtivos las calles, con su prisa habitual, los esperan en algún sitio, quizás resuelvan el enigma de la noche en los ojos que se ven pero al cruzar, una manada de outsiders reniega de esta hambre pero con tanto pan para migar.
Posted on 3:55
Que los railes sean regaliz de frambuesa, que los trenes embistan con la suavidad del rosa, que el acero del tren sea chicle para las colisiones horrorosas, que la vida es dura, ya lo sabemos, que todo puede ser un ruido absurdo entre dos largos silencios, pero tienes gente a tu lado que te quieren y te veneran. Que las turbinas sean flores de las que el agua del pensamiento fecunda, que la electricidad sea la química necesaria para las misceláneas que el amor complica, que todo en tu haber sea libertad atada de un hilo, que las ganas de vivir se invocan, que la vida puede ser una fiesta en armonía y no tachón del que se reniega. Que incuban los afectos, que los te quieros florecen y que la amargura es fermento, puro fermento. Que en cada primavera nueva todo se renueva, nuevos tiempos vendrán con ganas de sentarse a tu lado, que todo pasa y nada se queda, ya vendrán tiempos mejores con ramilletes de sonrisas frescas en las que revolcarnos para siempre.

Chet Baker es bueno con la trompeta, es delicioso y coherente, pero Miles Davis es más hábil, más sorpresivo, aunque es una maravilla escuchar Autum Leaves con esa delicadeza, la versión de Chet Baker es más ligera pero menos melancólica y genial. De Billie Holliday diré que su sostenido en las notas, su improvisación y su anárquica forma de llevar la melodía la hacen carismática y conmovedora, y de Charlie Parker qué decir? Que es genial, tanto en bebop, como con violines, como haciendo swing, Chet Baker canta suave y profundo como el amor oscuro, como el amor imposible pero con la certeza de que el amor existe, suavidad y tragedia, todos conocieron las drogas, todos conocieron esa virtud que tienen los músicos de Jazz que son famosos nada más para una minoría, salvo Miles, ninguno llegó a llenar estadios, pero una cosa es segura, he pasado momentos preciosos cuando escribía escuchándolos y a la vez que ellos hacían alguna maravilla de las suyas yo hacía otra, cuando he amado con su música, cuando haciendo mis collages me he encontrado con su noche ambarina o azul o quizá verdosa oscura como las botellas de cava, este es mi homenaje, va por ellos, por su música, por sus momentos de soledad, que de alguna manera, también fueron los míos un poco. Me encanta escuchar Jazz en la noche, en la noche absorbo los fantasmas y me los bebo como un trago de vino en el deleite de la noche más larga.