
Bailar a contracorriente es como escarbar la tierra sin esperanza, cuando encuentras las lombrices te sorprendes, por que desde cualquier mundo se puede mirar la vida. Bailar a contracorriente es hacer aspavientos con las manos y desesperarte seco desde una contradicción que habita sola, las huellas del delito parecen ser mentira, mientras respire el alma el mismo oxígeno de tragedia oculta en los zapatos. Para todos hay masacre tendida como una culebra, la prueba de ello la tenemos en los huesos que nos hablan cuando revienta la tierra. Un hombre corriente, así, cogido por los hombros, como andrajo por los suelos, cicatrices en la calle desnuda, una muda, una canción que sabes desde niño, la mugre te persigue desde antaño, desde que tu viejo abofeteó a tu madre, madre grieta exhausta de donde salen las derrotas para ser vidas a la deriva. Un beso de ángel te dan en la frente, el hambre lo estropea cuando intentas hacerte con un pan que migue el sueño de fuego fatuo en el que crees como una aurora, tus pies hierven de insalubridad, tus huellas serán camino para el mañana. Baila, baila, gacela en el aire, hazte consuelo de equilibrio y coartada, baila la despedida de los caballeros trajeados, debes ser equilibrio y forma, laurel que se pliega para coronar al ángulo recto. Se despide de ti este camarada, se despide este pobre andariego que disimula la contracorriente en el paso del Minho, se despide el tonto poeta que de tus pies envidia su brevedad de colibrí. Su brevedad arrinconada por el verdugo.

Si nos matan o nos dan café que se les seque la sangre a los dictadores, que desconozcan el alivio del rosa, que se les pudra el consuelo como pájaro muerto en la calle, que sus secuaces se traguen el betún de sus pistolas, que toda la luz que vean que sea la de los marchitos ojos, que nosotros somos el camino del technicolor, que nosotros somos aquello por lo que rezuma la tierra, los gerifaltes y la clase política nos verán mover montañas y abanicar nuestros calores con las palmas del aire en libertad, si nos matan o nos dan café ellos perderán la raya en el horizonte y los besos que se dan en un rellano de portal, nosotros, los de la sabía joven y universal andaremos a tropel para enrojecerles la maldad, los expondremos como negros buitres repletos de lesa humanidad, treparemos los robles y las encinas y alcanzaremos estrellas nuevas como bocados de sal en libertad, les mostraremos la dulzura de los que aman, se cansarán sus voces de ladrar, se tapiarán sus estrategias en paredes de cristal, en muros de cristal.
Cuando los que se meten una raya de cocaína se sienten como si un diablo los estuviera frecuentando, en realidad, es verídico que ese diablo esté ahí acunando en vigilia su proceso tóxico que los corrompe y los envilece, la cocaína es producto de muchas muertes, de muchas tragedias, de muchas desgracias, no solamente repercute a los cocainómanos, también repercute a los niños que son utilizados por sus padres cuando hacen de burriers, repercute a gente que paseaba tranquilamente y una bala perdida en un tiroteo de narcos acabó con los sueños de él y sus familiares y allegados, la cocaína la toman los ricos, pero las víctimas de ella son los pobres, dinero, dinero manchado de sangre, producto, producto endemoniado y sucio, muy sucio.
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La Generación Perdida me enseñó el cuento de que no debes golpear con el puño una pared, me enseñó que el lugar de la fiesta es el mejor en el que estar. La Generación Perdida me enseñó el cuento de que cualquier guerra es un duro trago que has de tragar, me enseñó que los enemigos saben a fuego, y tienen mucho fuego por quemar, queman los mejores metales, queman la nuca y el paladar. La Generación Perdida me enseñó el cuento y cual es la noche que de loca en un Déjà vu te dirá au revoir, me enseñó la verdad noble que los hombres han de mil veces lograr, me enseñó la patria del mundo, como ciudadano libre que tierra ha de pisar, me enseñó que los golpes se devuelven aunque la Biblia diga que la otra mejilla pondrás, la Generación Perdida agarró el sueño como una sábana que se anuda en las manos del deambular, que debemos disfrutar de lo que se pueda, que cruzar un camino puede ser cambiar el destino, que beber el último sorbo puede ser tu plegaria en el patíbulo, que los años pasan añejos y hacemos cruces con el cuerpo, cruzamos las piernas esperando el último naufragio salvaje, que el Carpe Diem quizá sea cierto, aunque a veces tu puño cerrado apriete fuerte lo que no está en él. La Generación Perdida es en parte una mentira y las veces que yo quiera será verdad.
Si este verano al encender el ventilador se fuera todo a la mierda, saliese todo por los aires como cuando en aquel film en donde salen las páginas al viento de una novela sin copias, si este verano se fuera todo a la mierda, a mí me daría igual, por que ¿Cuál es la capacidad de aguante que puede albergar nuestro corazón? Quizá sea mucha, pero cuando tocas fondo y los más preciados, los siempre cercanos, cercanos y terriblemente sencillos, ellos son mis padres, que se vaya todo a la mierda, ellos son los merecedores del mejor de los paraísos.
A mí dejadme con mi ángel de la suerte, se llama Marilyn, y por ella ejecutaré mi propio magnicidio.
En la oficina de tráfico suele haber dos colas separadas por un metro, llegó el momento de que me tocara y en ese momento también le tocó a otro señor, mientras me atendía a mí la chica se ausentó un momento por temas burocráticos, y mientras tanto me fijaba en la cola de al lado, en la cola de al lado el funcionario le preguntó el nombre a un señor un tanto peculiar y fanfarrón, a lo que el susodicho respondió: Ángel Martínez Vivar, y añadió, descendiente de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador; el funcionario se quedó estupefacto, de piedra, el hombre tenía los ojos claros y sí era de raza blanca, pero también era Calvo, medía alrededor de un metro sesenta, y tenía menos chicha que el perro de un afilador, entonces me dije, ¡Como han terminado las viejas glorias de España! El descendiente de Rodrigo Díaz de Vivar no tiene ni media hostia, lo que sí tenía era una estupidez soberana.