19º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Posted on 16:45



Ser padres hoy en día es ser valientes

Posted on 15:27


En la última publicación de Nevando en la Guinea me ha llamado la atención un relato titulado Maternidad. Este relato se recrea (por decirlo así) en el hecho de ser padre, en el acto de más valentía (sobretodo hoy en día) que se pueda ejercer, en el acto de máxima generosidad que existe en la vida. La Maternidad de la que nos habla Juan A. Herrero Díez es una Maternidad espiritual, una Maternidad desde las raíces, desde las entrañas, la Maternidad que Juan A. rechaza es la Maternidad vista desde la perspectiva de la superación, de la Maternidad vista como un acto para auto-proclamarse progenitor y poseedor de un derecho que por demás es discutible. Por que hoy en día ser padre es ver a tu hijo morir de manera enésima, es contemplar a unas criaturas débiles frente a los abismos que hemos levantado en el aire nosotros mismos, que burocráticamente ni institucionalmente no los podemos expugnar, que socialmente se convierten en una acción torpe y pesada, se tornan en acto absurdo y horriblemente repetitivo, se convierten en un acto casi automático, las consideraciones que puedas sumar a todo esto también subrayan el acto de ver la pescadilla que se muerde la cola, ya que todo parte y se involucra como un círculo vicioso que nos estorba, nos hace esclavos de él, y nos corrompe como sociedad inútil y paralizada. Es luchar contra una propia legislación que en lugar de facilitar las cosas las entorpece, las estupidiza, las hace insuperables pudiendo ser un paso hacia delante nada más, así de fácil.  Pudiendo ser solamente el acto de dar, ceder, hacer posible, ser generoso para con la vida, porque no hay nada más posible que eso, no hay nada más cierto y más complaciente..

18º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Posted on 8:51



17º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Posted on 6:12




paradoxa

Posted on 4:06


Mi hermana es asesora de imagen y organizadora de eventos de carácter estético. Hoy, día 21 de octubre, será emitido un programa en Tele 5 en el cual ha participado ella como asesora de imagen. Es paradójico que sea en Tele 5, pues yo odio ese canal, y más paradójico y más sarcástico es que el programa es Sálvame de Luxe. En ese programa y en ese mismo canal se manipula a los famosos a su conveniencia, se hace énfasis de manera soez al servilismo más cutre y hacen dudar de sus escrúpulos porque carecen totalmente de ellos, se vanagloria la ignorancia y la chabacanería, se hace apología de la incultura, es el tipo de televisión que hay en gran parte del mundo entero, es la televisión del Berlusconismo, la Videocrazy, haciendo alusión a la película. Es algo paradójico que mi hermana sea partícipe de la televisión que tanto odio, pero es mi hermana, la quiero, respeto su trabajo, al que dedica muchas horas y de manera muy profesional, y le he prometido que veré el programa. Programa donde de antemano sé lo que en él pasará (ella me lo ha contado), pero he prometido verlo y así lo haré. Pero si he de serles sincero, preferiría un buen libro y una copa de vino cien mil veces más que ver ese programa. No quiero hacerme el cultillo y el pedante culturalista de postín, tampoco quiero darme ínfulas de nada, pero Roberto Bolaño dijo una vez que Cada escritor o lector tiene la librería que se merece. Bien, pues yo debo de merecerme mucha cultura como enriquecimiento, ya que debajo de mi casa hay una muy buena biblioteca municipal. Repito, no quiero parecerme al Repelente Niño Vicente, pero antes que ver ese programa (que seguro veré) valdría hacer hincapié en una cosa importante -¿tenemos la televisión que nos merecemos?-. Yo creo que sí. Por que siempre que bajo a esa biblioteca la encuentro ocupada en otros menesteres antes que en los libros. Las bibliotecas ahora (y más las municipales) se han especializado en las necesidades culturales de la gente "variada". Cada vez que bajo veo a un montón de gente haciendo cola para el Internet (solamente tiene 4 ordenadores), aunque también veo mucha gente en la sección de cine y de revistas. Pero en los libros no veo mucha gente. Será que los buenos lectores (que si había antaño) se han suicidado en lugar de los libros como pasa en la foto que expongo. Debe ser eso. No son los libros los que se suicidan, se suicidan las mentes más maravillosas (o privilegiadas) de mi generación. Debe ser eso. Se suicidan intelectualmente. Se abandonan hacia la incoherencia y el hambre de carnaza. A eso lo llaman espectáculo.

Hijo que enseñas

Posted on 5:14


Hoy he estado enseñando a mi padre unas cosillas sobre Internet. Primero le he configurado una cuenta y al llegar él a su casa tenía que probar el resultado de la configuración que yo le hice. Bueno, pues el hombre cuando he hablado con él por teléfono se ha hecho un lío con estos nombres que parecen en clave. Cuando se refería a su cuenta la llamaba Mi página, cuando se refería a su página la llamaba Mi Facebook, cuando se refería a su Facebook lo llamaba Mi cuenta. A los archivos los llama Esa cosa, se hace un lío con los Play, con los Megabytes, con los Mp3 y con el disco duro. Yo no le tengo paciencia, y me siento algo culpable. He bajado a tirar la basura y he dado con la solución. La expongo en la foto. He llamado otra vez a mi padre y le he dado el teléfono. Que apechuguen otros que para eso cobran. Perdona Papá pero yo no te tengo paciencia.

Mi Magdalena Personal

Posted on 18:21


Se han escrito regueros de tinta sobre Proust y su dichosa Magdalena. Mi magdalena personal se remonta desde la más breve existencia, desde la infancia menos consciente. Hace poco leyendo un libro me vino un eructo tras haberme bebido un vaso de leche fría. Fue esa mi propia magdalena de Proust. El momento en el que menos existencia contaba, seguramente en mi neo-natividad lactante. Cuando eructé esa leche recientemente ingerida, mezclada con el sabor agrio de los jugos gástricos tuve el flash-back más revelador que he tenido en toda mi vida. Ese sabor agrio de la leche evocó en mí mi más tierna infancia. Tiempo de casi fetales paces ingenuas e inocentes letargos sin conocimiento previo, tiempos donde el mundo era tan pequeño como yo lo era entonces. Tiempo donde no se pensaba o no se tenía conocimiento de pensamiento alguno, un poco evocando a Pessoa. La época lactante en donde nada es como en un futuro será y el futuro es un idilio que el mismo futuro irá borrando. Recuerdo mi época de lactante aprendizaje literario, tiempo en el que asistía a una tertulia literaria todos los jueves de cada semana. La tertulia se llamaba Catarsis . En esa tertulia participaba una gente tan diversa y variopinta, que esas tertulias se convertían siempre en una amalgama al unísono de voces, que eran tan dispares, que muchas veces la tertulia era lo menos parecido a una tertulia. Se podía hablar de toros, de política, de religión, y en menor grado, se hablaba de literatura, que era lo que allí nos reunía. Era como un conglomerado de distintas personalidades, con distintos intereses creativo-literarios, con distintas opiniones sobre la vida en sí. Recuerdo que la mayoría de los asistentes eran de una edad avanzada, y por ende, siempre salía a relucir el tema de la Guerra (in)Civil a lo largo de las dos o tres horas que duraba la charla. Esa era también la época en la que me aconsejaron leer a los clásicos antes de devorar lecturas más recientes. Ahora cada vez que leo o releo algún clásico (los cuales ellos me aconsejaron) es como mi personal Magdalena de Proust con respecto a la lectura. Les debo mucho a todos ellos. Con algunos de ellos todavía mantengo algún contacto. Nuestra Magdalena de Proust puede ser lo que más nos evoque un tiempo en el que se avivan los recuerdos tras realizar un acto tan mundano como lo puede ser un eructo o asistir a una tertulia en la juventud. El icono de Proust no es la magdalena, el icono de Proust es evidente que repara en el tiempo perdido. Ojalá yo retomara mi niñez o mi tertulia de los jueves en Catarsis. Seguramente no haría cosas que en aquellos tiempos sí hice. O tal vez sí, no lo sé, todo depende si el destino pone a nuestro alcance los mismos pasajes donde anteriormente erremos. No lo sé. Será cuestión de hacer autocrítica de nuestros propios errores y tratar de afrontarlos o refrendarlos, ya que es lo único que puede hacerse.